NO COMPRÉIS NINGÚN LIBRO A LOS MERCADERES DE LA FE, SOBRE ESPIRITISMO O LAS LEYES DE DIOS; porque si tiene costo, no es verdad...


Vivimos en tiempos en los que la información fluye sin barreras ni control, multiplicándose sin medida y sin filtro. Muchas ideas presentadas con autoridad, aparente moralidad y certeza, son aceptadas sin análisis, sin contraste, sin el necesario ejercicio del razonamiento. Así, el error se vuelve ley, la opinión se confunde con verdad, y el engaño se disfraza de conocimiento.

No se trata de rechazar todo lo que se dice o escribe, sino de aprender a discernir, porque se han levantado mercaderes de la fe, comerciantes del conocimiento espiritual, del espiritismo, que han convertido la Enseñanza de los Espíritus en un negocio, con tipografías que no paran de imprimir; y no contentos con libros que sobre pasan los mil títulos diferentes de sus propias teorías, se apropian mediante versiones “REVISADAS POR ELLOS MISMOS” de las Obras auténticas de los verdaderos Mensajeros de Dios, Allan Kardec, León Denis, Camilo Flammarión, y muchos otros más.

Si realmente quisieran educar, si su intención fuera la expandir el conocimiento de las Leyes Espirituales, pondrían sus textos en acceso libre, en formato digital, para que llegaran a todos sin restricciones. Pero no lo hacen porque su interés no es iluminar, sino vender.

Las Leyes de Dios no son propiedad de nadie, no tienen precio ni dueños en la Tierra. Quien cobra por la Verdad la ha convertido en mercancía, y quien la convierte en mercancía ya no sirve a la Verdad, sino a su propio beneficio.

¿Dónde hallar la claridad cuando el mundo está lleno de voces que dicen cosas opuestas?

No es en la opinión de las multitudes ni en la rápida respuesta en Internet, sino en la esencia de las Leyes que han regido la conciencia de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Los libros históricos, aquellos que resguardan la sabiduría de los Espíritus que han traído la verdad con pureza a la tierra, son guías que pueden orientarnos en esta tormenta de desinformación, donde cada día surge un nuevo “sabio” irrespetuoso que corrige las Leyes que los Mensajeros de Dios trajeron para el bien de la humanidad, sólo para ostentar, someter y lucrarse.

No se debe confundir la prudencia con la incredulidad, ni la fe con la ceguera. La verdadera fe nace del conocimiento, de la comprensión profunda, no de la repetición de lo que otros afirman. La Verdad nunca ha sido hija de la imprudencia, sino del estudio, de la observación y la reflexión.

Así como el hombre ha desviado el propósito de la ciencia para sus propios intereses, también ha torcido las enseñanzas espirituales para acomodarlas a sus deseos y conveniencias. Hoy, muchos de aquellos “sabios” han convertido EL ESPIRITISMO en religión, y han hecho de sus opiniones personales una supuesta verdad universal. Frente a esto, la única defensa es el discernimiento; no creer sin examinar, no rechazar sin comprender, y, sobre todo, no olvidar que las Leyes de Dios no cambian según los tiempos ni las costumbres de los hombres.

Por lo tanto, os digo: No os convirtáis en cómplices del comercio de las Leyes de Dios; NO COMPRÉIS, NO PAGUÉIS por ningún libro sobre el espiritismo, sobre las Leyes de Dios, porque quién quiere extender un mensaje auténtico de la Ley de aquella Majestad Divina, hoy día puede hacerlo digitalmente sin lucrarse. EL ÁRBOL SE CONOCE POR SUS FRUTOS.

Bien pueden argumentar que los libros primigenios del espiritismo tuvieron un costo en el pasado, pero aquellos Mensajeros no tenían a su alcance los medios con los cuales contamos hoy. El Internet.

Entonces: ¿Qué Presentación tiene, que un espírita pueda llegar a decir de una Obra espiritual, bien para la humanidad, de la cual no es su autor, que: Queda prohibida su divulgación publica, total o parcial de este libro?

¿Acaso esa acción no lo coloca en contra de la divulgación libre que el espiritismo debe de tener? ¿Acaso esa acción no lo hace un impostor…?

-Héctor Fabio Cardona-
Santiago de Cali - Colombia

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